Isabelle StoffelSegún Virginia Woolf, ninguna mujer ha conseguido escribir la verdad sobre la experiencia de su propio cuerpo; las mujeres y el lenguaje tendrían que cambiar mucho antes de que algo así fuera posible.

Claudia Roth Pierpont

Nada más de leer La rendición de Toni Bentley supe que su relato estaba destinado a ser representado en un escenario. La voz del libro, en primera persona, marcada por la honestidad y el inteligente humor con los que la autora deja testimonio de su extrema experiencia personal, me invitó desde las primeras líneas a imaginarla bajo la luz de un tratamiento dramático íntimo y sincero, como el propio libro. Un verdadero tú a tú con el público del teatro. Estaba convencida de que esta historia no podía quedarse en el placer solitario de la lectura, sino que merecía ser explorada con toda la capacidad sensorial del teatro.

Para la adaptación me centré en la historia de nuestra protagonista, una bailarina con una brillante carrera en una de las mejores compañías de ballet del mundo, que aspira a las más altas metas profesionales. Al ver que las mejores bailarinas de su compañía son creyentes, y que la fe les ayuda a superarse, asume una identidad difícil: la del ateo que ansía creer, pero no puede. Sus zapatillas de ballet se convierten en su corona de espinas, su lecho de clavos.

Nuestra bailarina llega a conocer a Dios no en el escenario teatral, donde lo buscaba ansiadamente, sino en el escenario sexual, al otro lado de las convenciones. Experimenta todo el prodigio y la belleza que una desfloración puede ser, pero que rara vez lo es. Dejándose follar por el culo una y otra vez, aprende el abandono y la confianza, aprende a rendirse. Por sorpresa, como un don. El sexo anal, como un acto sagrado, le ofrece una verdadera resolución espiritual. La entrada por la salida le lleva al paraíso.

Esta es una gran historia de amor contada desde un punto de vista insólito, desde el ojo de detrás. La inocencia con la que esta mujer nos hace cómplices de su particular iniciación sexual y sus reflexiones sobre su viaje físico y emocional adquieren una sorprendente dimensión filosófica. Más allá de las preferencias sexuales de cada cual, es imposible resistirse a la atracción de su relato, porque éste se abre y nos succiona hasta sus mismas entrañas, donde ella se siente renacer, libre y gozosa.

Isabelle Stoffel